Sunday, June 29, 2008
El último...
Después de cambiar de computador, vuelvo aquí sólo para decir que mi nuevo y último (ésta vez si que no cambio más de dirección, pues ha funcionado de maravillas) blog es:
cpunto.blogspot.com
Así, los que lleguen aquí sabrán por donde ando perdida en el espacio entre sus monitores y mi teclado...
Saludos!
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Wednesday, March 28, 2007
Mmm, no puedo editar las entradas. Denuevo la tecnología se ríe de mi falta de paciencia.
No he escrito nada de nada. Ni aquí, ni en cuadernos u hojas sueltas. Con suerte anoto lo que tengo que hacer en la agenda. Si he leido un montón.
Terminé la versión 2.0 de mi portafolio. Revisenla y me dicen qué les parece.
No he escrito nada de nada. Ni aquí, ni en cuadernos u hojas sueltas. Con suerte anoto lo que tengo que hacer en la agenda. Si he leido un montón.
Terminé la versión 2.0 de mi portafolio. Revisenla y me dicen qué les parece.
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Friday, March 16, 2007
El Laberinto del Fauno
Indudablemente que tiene la mejor dirección de fotografía, de arte y maquillaje, pero el Laberinto del Fauno es más que las tres estatuillas que se ganó en los Oscar…
La historia dista de la simpleza con que se describe: corre el año 1944, España se encuentra en Guerra y Ofelia (Ivana Baquero) viaja con su madre (Ariadna Gil) para reunirse con su padrastro, el desalmado capitán Vidal (Sergi López) antes de que nazca su hermano.
Una niña asustada en un lugar hinóspito que ve con angustia como a diario su madre empeora con el avance de su embarazo y solo encuentra consuelo en el cariño que recibe de Mercedes (Maribel Verdú), la criada.
En medio de todo lo terrible, del dolor y el sufrimiento, se inicia una aventura paralela llena de magia y sueños donde Ofelia conoce a un Fauno que le revela un secreto gigante: ella es una princesa del reino sin tiempo y para regresar a su trono, debe sortear tres pruebas.
La catársis que produce la crudeza con que el ejército de Vidal lucha contra la resistencia republicana, el reencuentro de ésta pequeña con un padrastro que la aborrece y la desesperación de la servidumbre y el pueblo mismo frente a las injusticias se ve contrariada con la belleza de un cuento de hadas. La mezcla perfecta que se consigue sólo con una sutileza que Guillermo del Toro supo hayar. Porque en verdad la trama es dura -inclusive devastadora- y se matiza con la imaginación de lo desconocido.
No puedo explicar muy bien todo lo que un espectador puede sentir al mirar una película como ésta, pero si puedo asegurar que, por lejos, es una de mis favoritas de éste último tiempo.
La historia dista de la simpleza con que se describe: corre el año 1944, España se encuentra en Guerra y Ofelia (Ivana Baquero) viaja con su madre (Ariadna Gil) para reunirse con su padrastro, el desalmado capitán Vidal (Sergi López) antes de que nazca su hermano.
Una niña asustada en un lugar hinóspito que ve con angustia como a diario su madre empeora con el avance de su embarazo y solo encuentra consuelo en el cariño que recibe de Mercedes (Maribel Verdú), la criada.
En medio de todo lo terrible, del dolor y el sufrimiento, se inicia una aventura paralela llena de magia y sueños donde Ofelia conoce a un Fauno que le revela un secreto gigante: ella es una princesa del reino sin tiempo y para regresar a su trono, debe sortear tres pruebas.
La catársis que produce la crudeza con que el ejército de Vidal lucha contra la resistencia republicana, el reencuentro de ésta pequeña con un padrastro que la aborrece y la desesperación de la servidumbre y el pueblo mismo frente a las injusticias se ve contrariada con la belleza de un cuento de hadas. La mezcla perfecta que se consigue sólo con una sutileza que Guillermo del Toro supo hayar. Porque en verdad la trama es dura -inclusive devastadora- y se matiza con la imaginación de lo desconocido.
No puedo explicar muy bien todo lo que un espectador puede sentir al mirar una película como ésta, pero si puedo asegurar que, por lejos, es una de mis favoritas de éste último tiempo.
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Wednesday, March 14, 2007
Asqueada
La primera regla que leí fué "no juzgarás nada de lo que ocurra en el día". El propósito fracasó garrafalmente. Desde el momento en el que me levanté, al darme una ducha que salió nefasta: agua hirviendo/agua fría; para luego desvanecerse al montarme en esa maldita micro llena (como siempre) a la que pasaban las personas caminando (no mencionaré la envídia que me da cada vez que veo a alguien en una bicicleta). Y finalmente notar que perdí una hora y media de mi vida apretada con la gente. Había empezado con el pie izquierdo...
Yo lo intento, pero no puedo asquearme más que al sentir un cuerpo a mi lado. Un cuerpo desconocido: gordo, flaco, peludo, de mujer o hombre, da igual, el hecho es que el calor que emana me desespera. Mi sentido de intimidad es demasiado grueso como para que de un día a otro desplomen la poca cordura que me quedaba obligándome a viajar a 5 centímetros de otra persona. Traté de no pensar. Miré por la ventana, tararié una que otra melodía imaginaria. Pude olvidarlo un rato.
Llegué a la clínica mucho después de lo que había planificado. Tomé el número de atención: 147, estaban en el 100. Saqué el libro que me prestó Camila y comencé a leer. Me desconecté del mundo. A rato abandonaba las letras para observar en qué número estaban. Llegó mi turno. Pagué el bono y esperé a que me llamaran y no sé por qué sentí tanto miedo. Intenté distraerme leyendo, pero ésta vez no dió resultado. Ya podía sentir la aguja en mi brazo. Finalmente mi nombre. No miré el tubo, evite concentrarme en el pinchazo, en ese fluir que puedes percibir casi con sonido. Terminó. Me sentí débil; tomé el metro afortunadamente no tan lleno y me bajé en providencia para comer algo y cargar la tarjeta. Sólo cumplí con lo primero.
Volví a mi casa luego de perder 4 horas y media en algo que debería haberse realizado -a lo más- en dos. El cansancio me llenó. Dormí un rato y al despertar un poco de alivio adornaba éste día cada vez más corto. Por suerte me juntaría con mis amigos. No tuve ganas de trabajar, aunque eso signifique hacer el doble mañana. Denuevo me afronté a las maquinarias y los individuos, con más suerte que en el anterior viaje. Lamentablemente mi cabeza no para de pensar y grita cada instante; y el propósito de el día - que era no juzgar- es absolutamente imposible.
Tal vez mañana...
Yo lo intento, pero no puedo asquearme más que al sentir un cuerpo a mi lado. Un cuerpo desconocido: gordo, flaco, peludo, de mujer o hombre, da igual, el hecho es que el calor que emana me desespera. Mi sentido de intimidad es demasiado grueso como para que de un día a otro desplomen la poca cordura que me quedaba obligándome a viajar a 5 centímetros de otra persona. Traté de no pensar. Miré por la ventana, tararié una que otra melodía imaginaria. Pude olvidarlo un rato.
Llegué a la clínica mucho después de lo que había planificado. Tomé el número de atención: 147, estaban en el 100. Saqué el libro que me prestó Camila y comencé a leer. Me desconecté del mundo. A rato abandonaba las letras para observar en qué número estaban. Llegó mi turno. Pagué el bono y esperé a que me llamaran y no sé por qué sentí tanto miedo. Intenté distraerme leyendo, pero ésta vez no dió resultado. Ya podía sentir la aguja en mi brazo. Finalmente mi nombre. No miré el tubo, evite concentrarme en el pinchazo, en ese fluir que puedes percibir casi con sonido. Terminó. Me sentí débil; tomé el metro afortunadamente no tan lleno y me bajé en providencia para comer algo y cargar la tarjeta. Sólo cumplí con lo primero.
Volví a mi casa luego de perder 4 horas y media en algo que debería haberse realizado -a lo más- en dos. El cansancio me llenó. Dormí un rato y al despertar un poco de alivio adornaba éste día cada vez más corto. Por suerte me juntaría con mis amigos. No tuve ganas de trabajar, aunque eso signifique hacer el doble mañana. Denuevo me afronté a las maquinarias y los individuos, con más suerte que en el anterior viaje. Lamentablemente mi cabeza no para de pensar y grita cada instante; y el propósito de el día - que era no juzgar- es absolutamente imposible.
Tal vez mañana...
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Tuesday, February 20, 2007
Sin rumbo
Cada vez que me adapto algo cambia. Desde pequeñas cosas sencillas como la usabilidad de éste blog (que ahora se está poniendo casi tan imbécil como 20six -me cambió el color de fondo y no puedo quitarlo, en vez de entrar en directo tengo que logiarme y luego escribir la dirección en la barra de direcciones porque el botón para entrar no funciona...en fin-) hasta las etapas finalizadas en tu vida. Eso me da un poco de melancolía, tan sólo quisiera quedarme parada un rato mientras todo se mantiene igual.
Mis pies están helados. Un tímido sol se asoma por los vidrios y sólo forma luces. La gata "titi" (bautizada asi por mi sobrina) hace un desastre tras otro. En verdad que quien la dejó aquí pensó muy bien la situación, pues dudo que otra familia tenga tanta paciencia con los animales. El veterinario dijo que "le falta socializar". En otras palabras es un animal "no domesticado", ya que llegó muy grande. Yo trato de que aprenda y no hay caso; se pone cariñosa y luego te muerde dejándote los colmillos marcadísimos. Tengo la mano izquierda arañada.
La Eli se va a Australia y luego a Japón, después a España e Italia y por último a Berlín. Vuelve en 5 años si es que llega a volver. Paco se va a estudiar a Argentina por 4 años. Me entró un deseo enorme de salir corriendo, de tomar un bolso y escapar a cualquier parte, olvidándote de quién eres. Aquí soy incapaz de trabajar en cualquier cosa sólo por plata, pues me pesa el título. En un lugar diferente mi título ni siquiera sería válido. Podría atender un café o una tienda, como Edward Norton en "La hora 24", ganando apenas para vivir; era huir o terminar en la cárcel, su personaje optó por lo primero. Mi historia es distinta, no necesito irme, pero siento unas ganas histéricas de inventar una segunda oportunidad y ver si así, olvidando todo el protocolo y las ataduras, logro la paz que siempre busco sin resultados.
A veces quisiera que mi vida se asemejara a una película, dejando atrás lo dificil en una toma majestuosa con banda sonora que te eriza los pelos, fundida en un abrazo con mi personaje principal que si existe, pero que carga con la sombra que le pongo a ratos cuando recuerdo, cuando no olvido o cuando no avanzo.
Probablemente la nostalgia que me dan los cambios se debe al miedo que me produce lo que viene. Si tan sólo tuviera una guía. Ayer, estúpidamente, antes de dormír rogué porque en mi sueño se me develera el camino que debo seguir (es que estoy demasiado dispersa y eso me desespera). Lo imbécil fué que estaba soñando lo que debía hacer y me desperté... sin recordarlo. La Eli, a pesar de ser muy buena tarotista (habría sido a la única persona que le creería una interpretación), nunca quiso tirarme las cartas. Me dijo que "si salía algo malo sería incapaz de mentirme". Por un lado lo encontré razonable, pero me habría encantado saber, aún a costa de enterarme de algo nefasto (¿y qué puede ser tan terrible si al final todos morimos de algo?).
Estoy divagando de manera exagerada, mejor lo dejamos hasta aquí.
Mis pies están helados. Un tímido sol se asoma por los vidrios y sólo forma luces. La gata "titi" (bautizada asi por mi sobrina) hace un desastre tras otro. En verdad que quien la dejó aquí pensó muy bien la situación, pues dudo que otra familia tenga tanta paciencia con los animales. El veterinario dijo que "le falta socializar". En otras palabras es un animal "no domesticado", ya que llegó muy grande. Yo trato de que aprenda y no hay caso; se pone cariñosa y luego te muerde dejándote los colmillos marcadísimos. Tengo la mano izquierda arañada.
La Eli se va a Australia y luego a Japón, después a España e Italia y por último a Berlín. Vuelve en 5 años si es que llega a volver. Paco se va a estudiar a Argentina por 4 años. Me entró un deseo enorme de salir corriendo, de tomar un bolso y escapar a cualquier parte, olvidándote de quién eres. Aquí soy incapaz de trabajar en cualquier cosa sólo por plata, pues me pesa el título. En un lugar diferente mi título ni siquiera sería válido. Podría atender un café o una tienda, como Edward Norton en "La hora 24", ganando apenas para vivir; era huir o terminar en la cárcel, su personaje optó por lo primero. Mi historia es distinta, no necesito irme, pero siento unas ganas histéricas de inventar una segunda oportunidad y ver si así, olvidando todo el protocolo y las ataduras, logro la paz que siempre busco sin resultados.
A veces quisiera que mi vida se asemejara a una película, dejando atrás lo dificil en una toma majestuosa con banda sonora que te eriza los pelos, fundida en un abrazo con mi personaje principal que si existe, pero que carga con la sombra que le pongo a ratos cuando recuerdo, cuando no olvido o cuando no avanzo.
Probablemente la nostalgia que me dan los cambios se debe al miedo que me produce lo que viene. Si tan sólo tuviera una guía. Ayer, estúpidamente, antes de dormír rogué porque en mi sueño se me develera el camino que debo seguir (es que estoy demasiado dispersa y eso me desespera). Lo imbécil fué que estaba soñando lo que debía hacer y me desperté... sin recordarlo. La Eli, a pesar de ser muy buena tarotista (habría sido a la única persona que le creería una interpretación), nunca quiso tirarme las cartas. Me dijo que "si salía algo malo sería incapaz de mentirme". Por un lado lo encontré razonable, pero me habría encantado saber, aún a costa de enterarme de algo nefasto (¿y qué puede ser tan terrible si al final todos morimos de algo?).
Estoy divagando de manera exagerada, mejor lo dejamos hasta aquí.
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